La arquitectura sanitaria del movimiento moderno
El siguiente texto recoge la primera de una compilación de tres partes de anotaciones de la conferencia realizada por el arquitecto Albert de Pineda, director de Pinearq en el marco del Máster Campus Clínic en Barcelona el 30 de mayo de 2025.
El movimiento moderno que surgió a principios del siglo XX buscaba la funcionalidad, la simplicidad y la eficiencia en el diseño, mostró una gran preocupación en los hospitales y los centros de salud, relacionando arquitectura y sanidad.
Esta tendencia de mejora continua e investigación en la arquitectura sanitaria fue puesta en valor por publicaciones especializadas de referencia. Un ejemplo son los números monográficos de hospitales de la revista Arquitectura i Urbanisme del Sindicat d’Arquitectes de Catalunya publicados en el año 1937, en el que se agrupaban proyectos destacados e innovadores desde los Estados Unidos y del norte de Europa, y se reflexionaba sobre cómo debían ser los servicios para su correcta construcción y organización interior dentro del hospital.
La arquitectura moderna transformó radicalmente la manera de concebir los espacios de salud. Frente a los hospitales monumentales del siglo XIX, los arquitectos modernos propusieron edificaciones donde la funcionalidad, la higiene, la luz natural y la relación con el entorno se convirtieran en los pilares del diseño. Estas obras no solo respondieron a necesidades médicas concretas, como el tratamiento de la tuberculosis, sino que también exploraron cómo la arquitectura podía participar activamente en los procesos de curación.
Este cambio se manifestó con claridad en proyectos clave de las primeras décadas del siglo XX, como la Casa del doctor Lovell (1929). Diseñada por Richard Neutra en los Ángeles para el doctor Philip Lovell, esta vivienda es un icono del estilo internacional y una obra precursora en integrar los principios de la medicina higienista en un entorno doméstico. Lovell, médico naturista, entendía la salud como una práctica integral que incluía alimentación, ejercicio, luz solar y aire fresco. El arquitecto respondió a esta visión con una casa que priorizaba la exposición solar, la ventilación cruzada y el uso de materiales industrializados como el acero y el vidrio. Aunque se trata de una vivienda unifamiliar, su planteamiento prefigura muchos elementos que luego serían esenciales en el diseño hospitalario moderno.
En paralelo, el Sanatorio de Tuberculosos de Paimio (1929-1933) en Finlandia, diseñado por Alvar Aalto, es un edificio que no solo cumple con los requisitos funcionales de un centro médico, sino que está concebido como un «instrumento médico» en sí mismo. Aalto diseñó desde el mobiliario hasta la orientación de las habitaciones, que reciben el sol de la mañana para favorecer el descanso por la tarde. Incluso el color de los techos fue pensado para no fatigar a los pacientes que pasaban largas horas acostados y el diseño de las ventanas de la habitación para que se tuviera visión de los espacios verdes exteriores. La arquitectura aquí no es un mero contenedor, sino una herramienta activa de sanación.
Otro ejemplo contemporáneo al Sanatorio de Paimio, fue el Sanatorio Zonnestraal (1925-1928) en Países Bajos, diseñado por los arquitectos Jan Duiker y Bernard Bijvoet se caracteriza por su estructura liviana, sus fachadas acristaladas y sus terrazas abiertas, convirtiéndose en un ejemplo radical de racionalismo funcionalista. El uso intensivo del vidrio y el hormigón armado permitió espacios luminosos, bien ventilados y con una fuerte conexión visual con la naturaleza. Más allá de lo arquitectónico, Zonnestraal también incorporaba una visión progresista: no era solo un sanatorio, sino parte de un complejo social que incluía talleres y escuelas, pensado para reintegrar a los enfermos a la vida activa.
Estas tres obras sentaron las bases de una nueva manera de pensar los edificios de salud. Su énfasis en la funcionalidad, la experiencia del paciente y la relación con el entorno natural sigue siendo clave en la arquitectura hospitalaria contemporánea. Hoy, conceptos como la evidencia empírica en diseño (evidence-based design), la sostenibilidad y la humanización del entorno clínico tienen raíces profundas en estos ejemplos históricos. Entenderlos no es solo un ejercicio de memoria arquitectónica, sino una forma de inspirar soluciones actuales centradas en el bienestar físico, psicológico y social de los usuarios.
La modernidad en clave local: Barcelona como laboratorio
La difusión de estas ideas también tuvo eco en la arquitectura catalana, especialmente a través del trabajo del GATPAC (Grupo de Arquitectos y Técnicos Catalanes para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea). Inspirados por las propuestas del CIAM, aplicaron los principios del racionalismo en proyectos sanitarios como el Dispensario Antituberculoso de Barcelona (1935-1938), diseñado por los arquitectos Josep Lluís Sert, Joan Baptista Subirana i Josep Torres. La disposición de todas las estancias, el sistema de circulaciones y el tratamiento de las fachadas responden a un riguroso seguimiento del programa y del ábaco solar, al margen de las constricciones del emplazamiento. Se trata de un modelo de inserción de los conceptos del racionalismo dentro de un tejido denso, y que queda criticado implícitamente por la estricta funcionalidad del mismo edificio.
Menos conocido pero no menos importante, es el proyecto impulsado en 1937 para el nuevo hospital de Vall d’Hebron. Aunque no llegó a construirse, el proyecto representaba una visión radicalmente moderna de la asistencia sanitaria pública: pabellones organizados según la especialidad, conectados por pasarelas y rodeados de espacios verdes, y terrazas escalonadas para facilitar la luz natural. Este diseño prefiguraba muchos de los modelos hospitalarios contemporáneos y mostraba cómo la arquitectura podía ponerse al servicio de una sanidad universal y moderna en plena República.
Esta entrada es el primer capítulo de tres artículos que forman la transcripción de la conferencia 100 años de arquitectura hospitalaria. Puede descargar el artículo completo aquí o leer la segunda parte en el siguiente enlace.