EL HOSPITAL INFANTIL

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Es conocida por todos la capacidad que tiene el entorno inmediato de repercutir en la salud y en el bienestar de las personas, así como que todos los elementos que rodean a una persona ingresada en un hospital influyen en su estado de ánimo y, por lo tanto, en su recuperación. Pues bien, este concepto se eleva a la enésima potencia cuando hablamos de un hospital infantil.

Entendemos el hospital infantil como aquel especializado en el tratamiento de las enfermedades de los niños: hospitales con necesidades programáticas distintas a la de un hospital de adultos y que requieren de una especial sensibilidad en el tratamiento arquitectónico, pues sus usuarios, debido a su alta dependencia respecto a quienes les rodean (familiares, cuidadores, etc), necesitan que su nuevo entorno, ese que no les es cotidiano y que supone una ruptura con lo que les es conocido, sea el encargado de facilitar la adaptación y conseguir que este cambio sea lo menos traumático posible.

Para ello, el diseño hospitalario ha de sumar a los conceptos ya instaurados como funcionalidad, flexibilidad, tecnología, los conceptos de humanización y pediatrización de espacios; es decir, dotar al edificio hospitalario de la capacidad de mimetización con el entorno infantil, de manera que el niño pueda desarrollar en la medida de lo posible sus actividades cotidianas.

Esto se plasma en el diseño arquitectónico mediante la utilización tanto del espacio físico, con la integración de áreas de juegos (infantiles o para adolescentes), mobiliario adaptado, espacios de estudio, habitaciones con zona para familiares, etc; como mediante el tratamiento ambiental a través de la utilización de colores, dibujos y formas que suelan formar parte del espacio cotidiano infantil. Recurso muy utilizado ya en las escuelas, guarderías y retail.

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